Los más antiguos precedentes de las Tunas y Estudiantinas se remontan a la cultura goliárdica, fenómeno poético musical dentro de la lírica latina de los siglos XI y XII.
La Literatura de esta época consistía en la recopilación de poemas escritos a mano en latín que transcribían canciones y poesías de religiosos y estudiantes vagabundos que se autodenominaban goliardos por una oscura referencia al mítico Obispo Golias. Como recompensa por sus narraciones, cantos y poemas estos estudiantes obtenían comida o algo de dinero de los conventos.
En los siglos XII y XIII surge en tierras francesas la figura del Trovador, una especie de poeta cortesano al que, asentado como protegido de algún mecenas, se le proporcionaban medios de vida, disfrutando las damas de la Corte de sus trovas románticas.
Con la aparición
en España de las primeras universidades (1218
Salamanca, 1346 Valladolid, 1430 Barcelona, 1474
Zaragoza, 1495 Santiago, 1499 Alcalá) llegan estos
andariegos personajes, que vulgarmente obtienen
el sobrenombre de tunos, a nuestro país.
Eran
similares a sus predecesores, manteniendo en sus
canciones (las estudiantinas) similares temas
que los goliardos, pero modificando su vestimenta,
que se componía de capa (cubriendo la sotana eclesiástica,
a menudo rota y raída) y un bicornio en el que
situaban una cuchara de madera para saborear las
sopas que se les ofrecía por su buen hacer. |
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Tenían fama de holgazanes y alborotadores, pero su condición de estudiantes pobres o de tonsurados les concedía una cierta inmunidad, por otra parte también les salvaba el respeto eterno del que gozará siempre la vida bohemia estudiantil y cultural. No obstante estos grupos de estudiantes se movían por Europa con enorme facilidad bajo la excusa de buscar los mejores profesores, aunque probablemente no era más que eso, una excusa.
Ocho siglos después, las tunas llegan hasta nosotros como una tradición madura y consolidada, al tiempo que autárquica, demostrando su importancia cultural, existiendo no menos de 200 tunas en nuestra geografía.
De lo que no hay duda es de que las tunas han dejado huella en la tradición estudiantil, casi tanta como bibliotecas y aulas, y como muestra, un fragmento del himno universitario de Oviedo: